[Opinión] El dedo de Lagos como imagen directa de la Teatrocracia.

Algunos dijeron que con esto, se puso sentencia definitiva o lápida de muerte por parte de los oficialistas al gobierno de la presidenta Bachelet; otros, que la contienda debe comenzar sí o sí desde ahora y que Lagos es el único que puede competir a la par con el aún no confirmado Piñera

Bastó con que Ricardo Lagos dijera que está dispuesto a ser nuevamente presidente de la república, para que las fichas de la próxima elección comenzaran a moverse. Primero, un sinfín de candidatos de la nueva mayoría y luego, quienes completan la contienda electoral. Es que la figura de un personaje tan importante como el expresidente, siempre va a remecer el espectro político del país.

Algunos dijeron que con esto, se puso sentencia definitiva o lápida de muerte por parte de los oficialistas al gobierno de la presidenta Bachelet; otros, que la contienda debe comenzar sí o sí desde ahora y que Lagos es el único que puede competir a la par con el aún no confirmado Piñera (algo que se dará más pronto que tarde), porque el nivel de aprobación de este último está muy por encima de lo que se podría pensar. En esta línea y con una clase política desprestigiada, es el momento idóneo para pensar en el cambio que podría llegar con un nuevo mandato, con nuevas ideas. ¿Y por qué digo nuevo? Porque si bien estos señores ya han estado en el poder, podremos observar cómo van a ir cambiando sus discursos al calor del momento o la tensión propia de la historia que estamos construyendo como país, donde la recesión y los problemas económicos comenzarán a marcar tendencia en los planes de gobierno.

Pero ¿Por qué es tan importante la figura de Lagos para el país? ¿Por qué genera tanto revuelo a nivel nacional?

Ricardo Lagos es un líder, de esos que pocos quedan, podríamos decir que tiene hasta su aire carismático, pero lo que infunde más es su presencia y el cómo se plantea frente a las circunstancias. Cuando era presidente, bastaba un discurso para que la gran mayoría del país dijera “sí, está todo bien”, cuando realmente por detrás estaban sucediendo hechos de corrupción que terminarían y terminarán marcando el primer cuarto de siglo. Es que cuando hay una persona en quién se confía, con esa imagen del padre autoritario, es como que los problemas no existen, pudiendo estar desmoronándose todo, pero siempre se creerá que la situación está bien. Sin embargo, cuando este padre no está y se destapa la olla, nos damos cuenta del fiasco existente y de cómo nos metieron el dedo en la boca completamente.

En este sentido, creo que la mejor palabra para entender el asunto es una utilizada por Balandier en su libro “El Poder en Escenas” cuando hace mención a cómo la política es un juego que se ejecuta tras bambalinas. Siendo uno de los principales componentes, el cómo los actores políticos deben “pagar su cotidiano tributo a la teatralidad”, esto es algo que podemos observar en pleno en el ex presidente a través de los últimos años en el país.

ricardolagAsí, si vemos por ejemplo el reportaje donde se explica como Ricardo Lagos argumentó ese día contra el ex dictador Pinochet en esa flamante entrevista con Raquel Correa en “De Cara al País” y dijera apuntándole a la cara, “Me parece inadmisible que un chileno tenga tanta ambición de poder, de pretender estar 25 años en el poder”, o cuando con ese mismo dedo hablaba del MOP mientras por detrás ocurría uno de los fraudes al fisco más importantes del último tiempo, o cuando postulaba las ideas del transantiago, o cuando defendía los créditos estudiantiles, o cuando se presentaban las ideas de la casa propia y luego miles de personas no tenían como pagar su hogar. Siempre el señor Lagos se paraba frente a un monitor y con su mano derecha apuntando al pueblo, hacía creer que todo estaba bien.

Recuerdo una vez que lo conocí inaugurando el colegio en el cual iba a estudiar, un colegio bicentenario que tuve la dicha de cortar la cinta al momento su entrega; recuerdo como hablaba de los deudores habitacionales que estaban al fondo de la multitud de gente; recuerdo como nos decía que nunca lograríamos mucho si nuestra idea de protesta era con pancartas; recuerdo que esa vez no entendí lo que quiso decir. Ahora han pasado los años y puedo comprender que para el señor Lagos, los cambios tienen que hacerse a través de las instituciones, que siempre existe un camino burocrático para solucionar las cosas, entiendo que en un país donde estas instituciones funcionan, ese camino debe ser el más rápido, el correcto, pero lo que no logro comprender es cómo esto se puede resolver cuando se destapa todo y nos damos cuenta que esta estructura que tanto defendía, era un cúmulo de fraudes, malversaciones y estafas.

Lo único que puedo decir es que la presencia de Ricardo Lagos es imponente como pocas, sin embargo, la escuela del engaño y la mentira ha repercutido en las nuevas generaciones de dirigentes, como decía mi abuelo: “lo que comienza mal, no puede terminar bien”. Lamentablemente la nueva mayoría no tiene un líder “que arrastre”, que sea un posible candidato ganador, lamentablemente creo que la única opción plausible es un Ricardo Lagos renovado, sin embargo, debo decir que la sociedad actual es distinta, ya nos metió el dedo en la boca, ya nos apuntó con su mano mientras con un discurso preparado tras bambalinas nos hacía creer que todo estaba bien; podemos decir que muchas personas no le creen, pero lo más importante es que mientras nos apunta con un dedo, tratando de explicar lo inexplicable, esta vez habrán tres dedos apuntado de vuelta con ojos, oídos y mente inquisidora.

 

por Danilo Pailemilla

@RDanP

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