Segundo Festival Escena Obrera: Diálogos, Democracia y Cultura Obrera

Segundo Festival Escena Obrera.  Lugar: Sindicato de Carteros de Chile, en la calle Abdón Cifuentes, a mitad de cuadra de la Alameda en pleno barrio universitario. Pocos peatones y pocos automóviles transitan la misma. El sábado por la tarde este barrio pierde su característica de pista de carreras y se ofrece para la caminata lenta, para aquel que no quiere llegar primero a ninguna tarde, y que pierde el tiempo parado frente a los frisos de sus antiguas casas. Frente al Sindicato una colonia de Haitianos y Dominicanos, por ahora ellos son también transeúntes, y quizás no tengan conciencia de que vienen a hacer un nuevo país. Ellos todavía no saben lo que pasa en esta Sede Sindical que aloja la primera jornada de “Escena Obrera”, aun no han sido invitados a participar, a pesar de que precisamente vienen a ser parte del mundo del trabajo, y por ahí de los más duros y desprotegidos. Ellos son por ahora el Chile de los otros acentos, lo nuevo que se está formando.

La ocasión es dual, se inicia un Festival dedicado al mundo del trabajo y a la vez se realiza una actividad para reunir fondos para ir en ayuda de una trabajadora de correos, a quien un cáncer le está haciendo difícil la vida. Comida, bebida, un tarro para la cooperación gratuita; voluntarios cocinando porque entre quienes crean un vínculo a través del trabajo no se le deja olvidado. El espacio de correos es un lugar con muchas salas, pequeño y acogedor, con un patio interior lleno de banderillas de colores celebrando este encuentro. En uno de sus pasillos me detengo con unos cuadros comprados quizás en el barrio chino de Salvador Sanfuentes, en el  corredor están colgados en la pared una pareja de tigres melosos y frente a él un caballo desbocado. La vida en soledad y la vida en pareja pienso. Trato de contextualizar este imaginario en relación con el espacio sindical, no avanzo mucho  y en medio de este esfuerzo comienza a llegar el público.

festescena obrera 2El público, los organizadores y los artistas ya vienen encontrándose en varios espacios, porque eso es este festival: un lugar para hacer crecer el encuentro de coincidencias, de luchas que tienen cosas en común desde diversas instancias (desde los sindicatos,  las salas de teatro, la universidad, y la acción en el espacio público), pero en el principal el de la vida misma: apañar, comer, tomar; disfrutar de la vida y el arte. Dos discursos dan la bienvenida, los dueños de casa y la cabeza organizativa de un festival sin domicilio conocido: Valeria Yañez. Todos somos trabajadores, abajo el primer cliché de la separación entre arte y vida, entre artistas y gente normal. Un hiphopero de Valpo “Arma Comunicacional”  da el vamos con tres o cuatro temas, y hace cantar al público su estribillo sobre cómo debe avanzar una organización. Luego viene el tiempo para un teatro sin palabras, para una mirada que busca en un espacio sugerido y que desde el Mito de Prometeo se reconoce en el absurdo de este castigo a la raza humana prodigado por los Dioses; esa división entre celestes y terráqueos… Entre quienes determinan y quienes padecen. Prometeo busca romper; es la tragedia del solitario que quiere liquidar sólo sus cadenas, cuando la historia enseña que las cadenas se rompen colectivamente. Quizás he ahí una diferencia entre lo que enseña el mito y lo que aclara la historia.  El espacio se va haciendo cada vez más chico, la gente va al suelo u oye lo que pasa en escena desde los pasillos. Viene el turno del Gran Circo Teatro y el “Despertar de una mujer”. La mujer que entra después que los niños se sientan con los niños y las niñas con las niñas, viene de rojo rotundo, Rosa Ramírez actriz que ya cría nietos, parte su historia bioterritorial mirando hacia su niñez. Una mujer en su madurez puede viajar a su niñez y mostrarla abiertamente. Entre los seres humanos la distancia temporal entre sus etapas parece que se monta sólo a una ficción cuando la memoria entrelaza o sale a la búsqueda de los momentos primordiales: el gesto de un padre que busca una flor única para regalar a su hija; precisamente yo voy acompañado de mi niña de cinco años y ella sigue atentísima lo que va desgranando la Rosa, pienso que ella, mi hija, ya sabe de lo que habla la actriz, aunque tenga quizás el 10% de su edad; que su ser de mujer tal vez sigue en perspectiva los acontecimientos que forman una femeneidad no uniforme ni domesticada, que ella a la inversa de la actriz recuerda hacia delante. En fin, me emociona ver a ambas mujeres. Oímos hitos traídos desde el desierto, desde Tocopilla, cuando Alexis todavía ni estaba en los testículos de su padre; de personajes que no murieron para la actriz, porque lo que permanece en la memoria son esos momentos en que uno recibe algo con cariño, con afecto humano, con incondicional generosidad de un otro. Lo que se da no se quita.  Así es cuando uno recibe algo de alguien que no tiene interés posterior por lo que da. Por tanto lo que nos es dado nosotros también lo damos… Y el gran círculo de la fraternidad se instala en Correos de Chile y Escena Obrera. El Gran Circo Teatro parte el festival con una lección escénica rotunda: sabe perfectamente conducir al público y llevarlo hacia donde lo quiere llevar. La sencillez de su arte es fruto de saber el lugar que se ocupa, no de la ubicuidad, sino de la posición firme; de levantar las banderas que hay que levantar, de tenerla clara en qué dirección y hacia donde hay que construir. Todo es sencillo más no simple. Una piel con una, dos, tres, capas. Ustedes sigan con su pirotecnia, nosotros mientras más nos quitamos, más decimos. La obra termina pero recién comienza. Cuando termina empieza a despuntar el clímax que imagino quieren buscar. Lo anterior fue un preámbulo, construir la confianza: ¡ya!… yo me tiro primero… ahora tírate tú… Y ahora las palabras están en el público, empiezan a dar vueltas entre todos los que nos hemos reunido y el público se comienza a reconocer, a oír que sus voces tienen un rostro, y que esos rostros tienen una convicción, marcas, maquillajes y arrugas; el público comienza a voltearse para conocer a quien habla. Así se descorcha la botella, del interior de la sala sale el líquido primordial del teatro: la voz del público y sus sueños, pesares y convicciones. Rosa habla de Andrés, de lo que mató a Andrés, de quienes lo mataron y del lugar donde lo mataron. Memorícenlo chiquillos, sean coherentes, no sólo en el teatro, sino que en la vida muchas veces se caen en inconsistencias por no conocer, por no tener memoria por cultivar la ignorancia. De la sede de los carteros salgo entonces con varios sobres con varias cartas y mensajes que quisiera reenviar.

escenaobrera3Desde los trabajadores y sindicatos cae el comentario de cajón, la reflexión constante y repetida de lo valioso que es la expresión artística para analizar, degustar la vida, y como herramienta para lo real de sus luchas. Aquí tenemos el desbalance fundamental de nuestro país en este ámbito: la cultura es un acto de evento, es episódica, celebracional; un fantasma que aparece cuando lo convocan y desaparece inconsistentemente. No forma parte de ninguna práctica habitual, de un programa serio para hacer transformaciones en el país. Bueno, estamos claros que la cúpula no quiere ningún cambio serio. A su vez… ¿Qué hace el Estado en materia de cultura para los trabajadores? Sabemos que los trabajadores de vez en cuando asisten a ciertas obras que enseñan a ponerse el casco y no quebrarse los huesos. A propósito… Un organizador del festival se accidenta: médula chocante de la realidad de los artistas en Chile, no tiene donde mierda atenderse. No existe cobertura que de oportuna solución a su problema. Simple: los artistas no existimos en el sistema. El arte es subestimado, domesticado y muchas veces desterrado. De esta forma aun estamos en el paradigma quizás de la década de los 80´… el de la Televisión, con el Oso que sólo lo muestran un sábado porque se gana un premio y la “Nostalgia de la luz” es expuesta también un sábado pero mutilada pasada la media noche por los comerciales. Así entonces pienso: ¡Cuánto perdemos por no conocernos! y pienso que la labor pagada de ellos, los que programan y deciden es separar a los artistas, sus obras y el pueblo, y pienso en las obras que quedan bodegadas y no se explota ni medianamente la capacidad de ellas y de los artistas para llegar a su gente.  Claramente es una estrategia. Una estrategia bien pagada con la que unos comen y otros buscan con los codos quebrados donde mierda atenderse. Una estrategia que integra verticalmente a toda la población y nadie se salva. Colegios donde a los niños de educación básica se los adormece con Ritalin y le dan a leer libros que le hacen a su imaginación lo mismo que le hace a sus neuronas el Ritalin; espacios laborales para la producción pero no para hablar ni discutir de ella. ¿Y la producción que está fuera de la producción? ¿Por qué nosotros no podemos hablar de ella? ¿Por qué los sindicatos no están haciendo hoy también la reforma laboral?… Quizás esta ausencia sistémica es el mejor indicador de lo valioso que resulta dar la pelea por instalarla como una práctica constante, transversal y viva y en el caso de “Escena Obrera” afirmando que los espacio laborales no solo se rigen por la producción, sino que más importante aún: estos espacios produzcan y vean crecer a sus sindicatos y la cultura en ellos.

 

Jonathan Aravena B.

Dramaturgo

 



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