Tv/Series: ‘Mindhunter’, intenta descubrir de qué está hecho un asesino

Cuando me enteré que Netflix planeaba estrenar una serie dramática sobre investigaciones de asesinos seriales producida por David Fincher –director de Seven y Zodiac– mi primera reacción fue: “Paren esto, me están matando”.

En los últimos años la televisión ha estado obsesionada con los asesinos en serie. Dexter, Hannibal, The Following, The Fall, la primera temporada de True Detective. El tropo de genio criminal se ha vuelto la receta más sencilla –”Solo agrega las matanzas”– para las ambiciones de hacer una serie que transgreda. Y House of Cards, aquel otro programa producido por David Fincher para Netflix, no es un ejemplo de cómo hacerlo con sutileza.

Pero Mindhunter, cuya primera temporada se estrena el viernes 13 de octubre en Netflix, es más académico que sensacionalista, por lo menos en los dos primeros episodios que se repartieron para la crítica. Puede que Fincher haya grabado una de las escenas más clásicas de una cabeza en una caja, pero Mindhunter está más interesado en el proceso de meterse en los cerebros que de desangrarlos.

HISTORIA

El drama empieza en 1977, el mismo año en que David Berkowitz fue arrestado por los asesinatos del “hijo de Sam” (fue imputado por seis muertes y dijo que fue influenciado por pertenecer a una secta). Holden Ford (interpretado por Jonathan Groff) es un negociador de rehenes del FBI que está cada vez preocupado por la tendencia que nota en su profesión: criminales cuyas acciones son irracionales y con los cuales, por tanto, no se puede razonar.

Cuando una negociación en particular termina mal, el supervisor de Ford le asegura que hizo todo de acuerdo con el manual… Entonces Ford busca un nuevo manual.

Se interesa en la sociología, el crimen como una respuesta a la disfunción a nivel comunitario. La teoría dice que ese malestar posguerra de Vietnam y posescándalo de Watergate ha provocado delitos más inexplicables. Ford lo pone de esta manera: “El mundo apenas si tiene sentido, por lo que el crimen tampoco”.

Los sociólogos con los que se reúne desconfían del detective que husmea por la universidad, pero eso no se compara con la sospecha de los agentes del mismo FBI. Se resisten a aprender cómo piensan los asesinos; los malos, parecen creer, son solo malos. (Fue una dinámica retratada también en Manhunt: Unabomber del canal Discovery, en la que los agentes con más antigüedad no quieren aceptar el que su presa tiene mucha educación).

Groff –conocido por Glee y Looking– interpreta a Ford como alguien plácido pero intenso. Hay algo extraño sobre él que cautiva; es como el hombre más recto que aun así tiene tintes de monomanía que lo hacen contravenir las políticas del buró. Tan astuto como es respecto a las mentes criminales, es igual de alejado de las normas sociales básicas.

Lo ayuda el agente Bill Tench (Holt McCallany), un especialista en ciencias conductuales. La serie se convierte en una especie de historia de amigos policías académicos con Tench como el escéptico e intérprete del lenguaje humano conforme viajan por Estados Unidos para entrevistar a agentes y a criminales para fines de su investigación.

Uno de los encuentros más siniestros es con Ed Kemper (Cameron Britton), asesino y necrófilo (conocido como el Asesino de las Colegialas) que evitó la captura hasta que terminó por entregarse a la policía. Fuera del papel es un hablador raro de buenos modales que discute cómo cometió sus crímenes como si estuviera describiendo la mejor manera de prepararse un sándwich.

Hay poca violencia explícita más allá de una escena algo siniestra al principio. Todo lo que se dice es suficientemente espeluznante. En la secuencia de los créditos de inicio aparecen imágenes de muerte por encima de una grabadora de cinta que es cuidadosamente recargada. Es representativo de un toque de Fincher, quien dirigió cuatro episodios de Mindhunter, de las microerupciones de sangre que interrumpen una fachada de orden meticuloso.

Mindhunter fue desarrollado por el dramaturgo Joe Penahll, quien escribió la primera temporada junto con Jennifer Haley; entre los productores ejecutivos están tanto Fincher como Charlize Theron. Está basada en las memorias Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit, por John Douglas y Mark Olshaker; a veces, la transformación de las ideas del libro al diálogo es algo rígida.

La serie también es muy de club de chicos al principio. Aparece Hannah Gross como la novia de Ford, la estudiante de posgrado Debbie Mitford que coquetea con frases como: “¿Qué opinas de la desviación social de Durkheim?”. Anna Torv, de Fringe, eventualmente hace de coprotagonista como una psicóloga conductista.

La manera en la que el programa vincula una temporalidad irracionalidad con actos desgarradores sin duda resuena en la época moderna de tiroteos masivos y el constante remolino de caos en los encabezados de los medios. Mindhunter no quiere que aquellos como Kemper sean glorificados ni los vuelve muy estéticos. Pero la idea de que es posible entender y detener a asesinos como él sin duda es una apuesta a la razón sobre el caos.

Digo todo esto con el “pero…” que ahora debe ser adjuntado cuando se trata de una serie de Netflix. Los programas de emisión continua en la actualidad se tardan tanto en siquiera esclarecer de qué tratará todo que no sé si los dos episodios que pude ver son representativos de toda la serie o solo la introducción. Es posible que Mindhunter se vuelva una cacería de monstruos mucho más típica y predecible.

Esperemos que no, porque la cacería de ideas es mucho más interesante.

 



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